25 noviembre 2010
"De eso se trata esta historia, de despertar, de distinguir entre la realidad y sueño. Si tu vida es sueño alguien se apodera de ella. Hay que distinguir entre vivir tus sueños y soñar con una vida irreal. Para despertar de ese sueño que nos anestesia hay que volver a creer. Despertar es salir de tu bunker, de esa habitación donde te encerras para no vivir la vida. Despertar es romper la burbuja, salir de la placenta donde estamos tan cómodos. Despertar es aceptar que la vida a veces duele. La vida puede ser un sueño, un somnífero, una cárcel. Despertar es encontrar la llave. Cuando uno despierta de una pesadilla agradece que haya sido un sueño, pero cuando la vida te golpea desearías estar soñando. Podés no distinguir si estás despierto o dormido pero sabes perfectamente que es una pesadilla. Sin sueños la vida no tendría sentido, pero vivir en un sueño, en una ilusión, no es vivir. Vivir despierto significa que el dolor duela, sin anestesia, y que la felicidad nos mantenga con los ojos bien abiertos. La vida real, la de verdad, empieza cuando abrimos los ojos y dejamos de soñar."
¿Una historia puede tener un final feliz si hay alguien que sufre y hay alguien que termina lastimado?
Todos merecemos tener un final feliz, lindo, rosa, con un arcoíris, todos merecemos tener un paraíso.
¿Cómo se hace para ganar sin que nadie pierda?
Si uno, aunque sea uno solo de nosotros, termina mal nadie puede terminar bien.
El paraíso no puede ser como un VIP que solo algunos entran, tiene que ser para todos.
Todos merecemos tener un final feliz, lindo, rosa, con un arcoíris, todos merecemos tener un paraíso.
¿Cómo se hace para ganar sin que nadie pierda?
Si uno, aunque sea uno solo de nosotros, termina mal nadie puede terminar bien.
El paraíso no puede ser como un VIP que solo algunos entran, tiene que ser para todos.
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